miércoles, 17 de marzo de 2021

Las fallas desaparecen

Año 2025, 19 de marzo: "La fiesta de las Fallas, declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO en 2016 desaparecerá tras arder la falla de la Plaza del ayuntamiento. No renovará su ciclo como venía siendo habitual durante más de un siglo y medio, ya que la ausencia de ingresos provocada por la pandemia de 2020 en los negocios dedicados a vestir, plantar, decorar y cubrir las distintas necesidades falleras ha llevado con ella el cierre de todos estos comercios y apagado la llama de lo que fue una fiesta y un negocio brillante. En adelante sólo conoceremos las fallas por lo que veamos en los vídeos, las fotos y libros de historia". Igual los libros de historia no son el mejor lugar para las Fallas, pero algún hueco encontraríamos.


Podría ser real pero -de momento- es una idea del abismo al que se enfrenta un gran sector valenciano ante la suspensión de una festividad que es una fuente de ingresos, que si se nos conoce por "quemar dinero", también hay que leer entre líneas la capacidad que tenemos -o teníamos hasta hace poco- de generarlo.



Antes incluso de la actual pandemia, me preguntaba muchas veces el impacto económico de las fallas de Valencia y por lo que he visto en un estudio realizado por la Interagrupación de Fallas en 2008 el impacto se cifraba en más de 750 millones de euros y más de 25 millones de euros en cotizaciones a la Seguridad Social y al IRPF. Hablamos solamente de la ciudad de Valencia. Evidentemente yo no tengo ni los medios ni el tiempo para hacer este estudio económico, pero sí que tengo muchas ganas y me hubiera encantado tener un dato más reciente (de 2018 ó 2019) para poder tener una imagen más completa y actual de la cantidad. Sí que incluiría yo por ejemplo -ya que no veo que se indicara- los desperfectos que se producen, bien por gente incivilizada o bien por accidente, así como el esfuerzo del gasto de limpieza que tiene que llevar a cabo el Ayuntamiento de Valencia, no tengo ni idea, pero pongamos que fueran 5 millones de euros anuales que habría que restar del total, aún así hablamos de 745 millones de euros. Hay que matizar que el impacto no es sólo de esos cinco días, sino que hay actividades que se desarrollan durante todo un año. Recuerden 745.000.000 euros.


En 2020 no hubo fallas y en 2021, veremos, hoy mismo se reunían distintas entidades para abordar el problema. Si se consumara también la cancelación supondría que unos 1500 millones de euros dejarían de circular y de ser ingresados en las cuentas de los negocios locales en el periodo de un año (año y medio aproximadamente si finalmente se celebran en otoño de 2021). Pienso que es un claro ejemplo de economía circular, o cercano a este tipo de economía, ya que son los propios miembros de las comisiones falleras los que realizan aportaciones para poder costear el monumento de madera y cartón-piedra y se mueven a otros sectores de la ciudad. Una economía circular que ahora mismo está muy ralentizada.


Más allá de la tradición, del romanticismo o del amor u odio por la fiesta, el agujero en términos económicos es grande. Y las consecuencias que se podrían derivar de este parón económico en la fiesta josefina también son considerables. Contemplad que hay negocios muy artesanos que se dedican prácticamente en exclusiva a la fiesta fallera como pueden ser indumentaristas o artistas faller@s. Otro tipo de negocio es el que tiene al sector fallero como gran aliado para completar su público objetivo (joyerías o administraciones de lotería sin ir más lejos). Otros negocios que durante la semana fallera hacen (o hacían hasta 2019 al menos) la caja que les permite sobrevivir; bares/restaurantes, peluquerías, floristerías, negocios de iluminación de calles, montaje de carpas, salones de bodas adaptados para acoger presentaciones, cenas de la plantà...


También tiene su impacto en el trabajo y formación de l@s artistas faller@s que desde el año pasado -como muchos otros sectores- viven en la incertidumbre de si podrán seguir dedicando su vida a crear obras efímeras que generan un remolino económico a su alrededor; más de 350 remolinos repartidos por toda la ciudad de Valencia. Es cierto que se reinventarían, pero ya no sería dedicándose a su pasión.


Otra pérdida no cuantificable sería la tradición y los vínculos con la historia que tiene nuestra fiesta, desde el derroche en la indumentaria tradicional-que hasta hace relativamente poco era exclusiva de la mujer, pero que últimamente ha arraigado con fuerza en el sector masculino- manteniendo ese comercio de la seda (la Lonja de Valencia se llama también "de la seda", que fue un centro de comercio internacional en los siglos XV y XVI), hasta el mantenimiento de los oficios más tradicionales y artesanos (carpinter@s, pintor@s...).


Todas estas circunstancias podrían confluir en la desaparición de los negocios especializados para la fiesta y consecuentemente de la fiesta fallera, o al menos de la fiesta tal y como la conocemos ahora.


Personalmente creo que no interesa a nadie que desaparezca la fiesta, entiendo que el daño o molestia que puede causar a determinadas personas es mucho menor que el beneficio patrimonial y económico que se genera. Otra historia es si las Fallas podrán celebrarse igual a partir de ahora.

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