Eran las 20h de cualquier día de abril de 2020 y salíamos a aplaudir a balcones o ventanas, ¿se acuerdan? Parece que fuera hace un siglo, pero fue este mismo año hace apenas 8 meses. Salía a aplaudir quien no estuviera enfermo, trabajando...o muerto. Desde mi casa también oía las sirenas de los barcos cada día a esa hora; unas sirenas que -paradojas de la vida- la última vez que las había escuchado sonar al unísono había sido a modo de celebración en el minuto cero de cada año nuevo.
¿Y recuerdan por qué aplaudíamos? Aplaudíamos agradeciendo, homenajeando y apoyando al personal sanitario que de la noche a la mañana se había visto desbordado y redoblaba sus esfuerzos por tratar de salvar vidas mientras se jugaban la suya. Y se la jugaban porque en ese siglo que son los 8 meses que nos separan desde el inicio de esta nueva era, el desconocimiento era mayor que las ganas y en muchos centros (y por supuesto tampoco para el resto de la población) no había disponibilidad de equipos de protección individual ni equipo técnico.
Y lo hacíamos (aplaudir) y nos olvidábamos del color político. Del nuestro y del color del personal sanitario, que se reducía al blanco, verde o azul según su indumentaria. Y parecía que por segunda vez (la primera fue entre gritos y pitos) los españolitos hacíamos algo a la vez, al unísono y sin confrontación, sin querer sacar rédito de las desgracias de los otros. Parecía, pero no. Porque vino entonces quien dijo que los aplausos estaban bien pero que una compensación económica o contractual tampoco estaría mal. Porque vino quien dijo que aquell@s que aplaudían estaban defendiendo un régimen comunista filoetarra bolivariano. Porque vino también quien vio apoyo a su gobierno autonómico en las ovaciones vespertinas.
Y fue así como volvieron a dividirnos y a distraer nuestra atención de lo verdaderamente importante. De lo que le pasaba a nuestro vecino el facha, nuestra vecina la feminazi o a los anarquistas del edificio de enfrente. Porque total, si no piensan como nosotros no merecen vivir. Cuando desde el balcón facha nuestro vecino nos miraba, esquivábamos su mirada dando a entender que esos aplausos no eran para él ni sus afines puesto que no están a la altura. Cuando la vegana de enfrente lloraba nos burlábamos de ella porque alguien que no come jamón no puede entender lo que alguien "normal" como nosotr@s siente. Porque seguro que no hay personal sanitario vegano, facha, anarquista o feminazi.
Se nos olvidó la dimensión humana del drama y volvimos a los tiempos de la radicalización de la población igual que se nos olvidará a las 21h del 21 de abril de 2021 que hará un año que salíamos al balcón a aplaudir porque la cosa estaba muy malita. Y se nos olvidará y parecerá que no haya sucedido, porque para much@s la cifra de ausentes seguirá siendo eso, una cifra. Y la vida seguirá para una mayoría como siempre, porque no perdieron a nadie o porque no fueron agraciados con el retraso de una intervención programada desde hacía tiempo porque no había espacio ni personal para ell@s en el hospital.
Se nos olvidará también que de esta íbamos a salir mejores. Íbamos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario