viernes, 25 de septiembre de 2020

La igualdad de género en la escritura

Hace poco volví a leer un artículo sobre el origen de la letra "ñ", que viene de las abreviaturas que se utilizaban en tiempos anteriores al siglo XV donde se escribía una raya sobre una parte de aquella palabra que se abreviaba. Por ejemplo "Donna", por mujer, pasaba a ser Dona con una línea sobre la n y de ahí a la actual Doña (ahora sí con una eñe con su virgulilla bien colocada). 

Vengo a decir con lo arriba expuesto que el lenguaje es algo dinámico y que en función del contexto su variación será más o menos lenta. En los años de los manuscritos y donde las cartas viajaban en carruajes por caminos de tierra los cambios serían muy lentos. Podríamos pensar que hoy en día ha aumentado esa velocidad, pero lo cierto es que proporcionalmente los cambios se implantan más paulatinamente, al menos en las organizaciones oficiales que los regulan, porque bien distinto es el ritmo que nosotros - la gente de a pie- vamos concediendo a esas variaciones. 

Se suma además la osadía que tenemos muchos ignorantes de opinar sobre lo que no conocemos, como por ejemplo el "enganchón" que leí en Twitter en el que una tuitera acusaba a otra de no ser feminista por utilizar el término "parental", pensando la primera que hacía referencia a "padre". En un giro inesperado de los acontecimientos la acusada se revolvía y defendía exponiendo que provenía de "parens" con el significado de "la que pare" o de "pariente" con lo que saldríamos de un lío para meternos en otro, porque una familia monoparental formada por un padre y un/a hij@ necesitaría un nuevo nombre, o a todas las mujeres de nuestra familia deberíamos llamarlas "marientes" o "marientas" llavándolo al extremo. "Son mis marientas lejanas, han venido de visita". 

De la misma manera, en tiempos de la inmediatez sigue abierta la batalla sobre si debemos escribir "niños", "niñas y niños", "todos", "todos y todas" o si acordamos una manera en que la economía del lenguaje (escrito en este caso) juegue a nuestro favor con tal de ahorrar caracteres, palabras y al mismo tiempo equiparar a hombres, mujeres y viceversa... Perdón, perdón, pero era inevitable. En definitiva, matar dos pájaros de un tiro. 

Recuerdo que en uno de los programas de Buenafuente él y Berto intentaban resolver cómo pronunciar la @ cuando se utiliza para englobar masculino y femenino en un mismo término y así no aburrir al lector (o lectora). 

No he investigado al respecto de quién fue el /la primer/a en utilizar el símbolo de la arroba como aglutinador de géneros, pero me parece el paralelismo más cercano a nuestra eñe. Con la diferencia de que en este caso implicaría un cambio importante en cuanto a la pronunciación del castellano, ya que no leeríamos literalmente lo que estuviera escrito, sino que tendríamos que interpretar ese símbolo y extendernos y detenernos más diciendo "blancas y blancos" cuando veamos "blanc@s" escrito. 

Personalmente no entiendo ese odio hacia la utilización de la arroba en el lenguaje escrito, pensándolo bien ya tendríamos dos símbolos únicos en español. Además resolvería situaciones en palabras ambiguas : Azúcar blanc@

Quedaría por solucionar cuando es el artículo el que puede ser de ambos géneros: 

El / la maratón

El / la linde 

El / la mar 

Pero eso, ya vendrá. 


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