lunes, 21 de septiembre de 2020

El metadocumental

¿No os pasa que cogéis el móvil para anotar tres productos en la lista de la compra, os dais cuenta de que hay una notificación en Facebook, otra en Instagram y os lanzáis como loc@s a ver qué son? Nada importante, pero al menos ya podemos seguir viviendo tranquilos...O no. Cuando al día siguiente llegamos al súper no recordamos aquello que nos hacía falta, pero no pasa nada, lo tenemos escrito en nuestro móvil... O no. 

Esta semana vi el documental de Netflix "El dilema en las redes" y como me comentó mi amigo Sergio "no dice nada que no sepamos, pero asusta que te lo confirmen".

No es una película, pero intentaré no estropear nada del final del docu (he esquivado bien la maldita palabra "spoiler"), no obstante si sois de l@s que os enfurruñáis cuando os desvelan algo de esa película o documental que tenéis pendiente de ver, creo que es mejor que lo dejéis en este párrafo. De verdad que no me enfado. 

También vi "Los juegos del hambre" creo que como consecuencia de la rapidez del algoritmo de Netflix. Todo el conjunto (docu y peli) me hacían ver y darme cuenta de que somos manipulados, que much@s somos conscientes de ello y que o no podemos o no queremos desengancharnos de esa manipulación. 

En "El dilema de las redes" (Social dilemma es su título en la versión original) distintos ex-empleados de diferentes redes sociales o empresas punteras tecnológicas, cada cual más multimillonaria, cuentan como por motivos éticos fueron "quitándose" de esos empleos o intentaron cambiar el rumbo de esas compañías con pequeñas acciones dentro de cada empresa y dentro de la parcela que cada uno podía abarcar. Es curioso que mientras pasaban los créditos del documental y yo me encontraba en algún punto equidistante entre la alucinación, la indignación y la huida de todo lo digital, el convencimiento de ser una marioneta en manos de gigantescos titiriteros para proporcionarles si quiera un céntimo se consolidaba dentro de mí. Un algoritmo - insisto:  después de ver un documental en principio contra la manipulación que hacen de nosotros las redes sociales - me incitaba a consumir más productos, en este caso películas, de una plataforma que aunque no sea una red social en sí, sí que mide y evalúa tus gustos para sugerirte películas o series similares y al final aguantar para pagar un mes más de suscripción. Desde mi perspectiva es hipócrita a la par que inocente. 

¿Cuánto dinero valgo para ellos? No yo como persona física, que creo que eso les importa bien poco o nada, sino yo como generador de negocio. ¿No sería justo que cada uno de los que aumentamos la cuenta de beneficios de esas empresas recibiéramos un importe de entrada al abrirnos una cuenta y unos dividendos al final de cada ejercicio? ¿No estamos al fin y al cabo cediendo nuestros datos a cambio de ser susceptibles a su manipulación? 

No tengo intención de borrarme ninguna cuenta de ninguna red social (por favor, si alguien sabe de algún término alternativo para denominar a las rrss, que me lo haga saber, que lo he repetido muchas veces pero no veo otra forma de llamarlas) pero sí que intentaré ser más consciente del uso que hago yo y hace mi familia de ellas. Para mí Internet siempre ha sido una herramienta, pero igual que sucede con un martillo, todo depende de cómo y con qué fin lo uses. En principio es para clavar clavitos (invocación a Pablito), pero también Pablito puede clavar clavitos crucificando a alguien. La herramienta y la acción son las mismas; la intención y el resultado drásticamente distintos. 

Aparte de todo lo que menciona la producción de Netflix, hay que considerar también la cantidad de veces que nos distraemos al día mirando la pantalla por el mero hecho de necesitar estímulos, pero nos olvidamos del resto. 

El caso es que había venido a apuntar patatas y kétchup en la lista de la compra y al final me he liado escribiendo una nueva entrada. Seguro que mañana cuando vaya a comprar me acuerdo de todo y lo podré ir metiendo en el carro mientras repaso Twitter. 

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