domingo, 8 de octubre de 2017

La minoría silenciosa. Ejemplo de superación.

No. Ésta no es otra entrada más acerca del independentismo. Si te ha desilusionado, lo siento. No te cortes en dejar de leer; si crees en las historias de superación, puedo añadir otro granito de arena a esa larga lista de lecturas y ejemplos que ya tienes en la cabeza.

Eran las 7.30 de la mañana y he salido a correr para poco a poco ir cruzándome con más y más gente que andaba, corría o iba en bicicleta. A todos les (nos) unía algo: el afán de superación, el esfuerzo por ir un poco más lejos o llegar un poco antes. No por un premio, no por ganar, simplemente por sabernos vencedores contra nuestros miedos y barreras autoimpuestas.

Quien me conoce hace mucho tiempo sabe que siempre he practicado deporte. Recuerdo entrenar para la "Volta a Peu" en el patio del colegio con 8 ó 9 años. Recuerdo haberla corrido y ponerme la camiseta al día siguiente como mandaban los cánones. Hasta que dejé de hacerlo. Algún partidillo suelto y poco más. Nada serio ni continuado.

La grasa y el anquilosamiento se iban apoderando de mí a la vez que la pereza. Pero me dije a mí mismo que después de todo lo que había disfrutado practicando deporte no podía detenerme como si nada, así que lo más fácil y rápido era ponerse a correr. Y así lo hice. Móvil en mano para medir tiempo y distancia, salía un día y recorría 1 kilómetro con la lengua fuera y la sensación de que había sido eterno. Salía otro y alcanzaba los 2 kilómetros arrastrándome física y mentalmente, pensando que cómo era posible que no pudiera llegar a correr sin agotarme en esa distancia. Hasta que decidí dejarlo. Aquello no era para mí.

Pasó el invierno, primavera y llegó el verano, pero hete aquí que en unas vacaciones me dieron dos mareos fuertes que me tuvieron una semana k.o. Después de las pruebas se descartó que fuera nada serio, pero el especialista me indicó que era recomendable que practicara deporte.

Lo primero que me vino a la cabeza fue la sensación de hundimiento después de los últimos dos kilómetros corriendo. Lo segundo fue que no quería volver a pasar por aquella sensación de mareo ni tener que hacer pasar a mi familia por aquello de nuevo. Aún hoy recuerdan con angustia aquél capítulo. Y lo tercero, aunque parezca broma, fue la frase de Arguiñano "A los 40 o te cuidas, o te descuidas".

Así que poco a poco me metí en la cabeza que un día hacía un quilómetro y paraba. Otro hacía 1.200 metros y paraba...y así hasta que me inscribí en la primera 10k. ¡10 K! ¡A mis casi 40 años! ¡Después de ahogarme "corriendo" 2 km! Había que ponerse metas, nunca mejor dicho, para cumplirlas.

Fueron cayendo los 4, los 5, los 6, 8 km. y finalmente  el primer entrenamiento donde completé los 10, recuerdo además que lo hice en el mismo terreno donde me hundía mentalmente dos años atrás.

Llegaron mejoras de tiempo, carreras de 15k y una recuperación considerable del estado de forma. Pero lo más importante sin duda alguna fue el fortalecimiento mental. Si empezaba fuerte, saber parar; si empezaba flojo, saber aumentar el ritmo. Ser consciente de hasta dónde puedes llegar. Controlar las piernas con el cerebro más allá del peso del cansancio o de la distancia que quede. Ese manejar la situación cuando ves que todos te adelantan y no hundirte, no pensar que eres peor que nadie sino pensar que cada un@ de los que te adelanta tiene una historia detrás que le exhorta a conseguir un tiempo, una distancia, una meta.

En mi caso no es más meta que demostrarme que puedo llegar, que puedo aguantar y que puedo seguir creciendo mentalmente.

En el caso del hombre que caminaba a su ritmo con la camiseta empapada en sudor, su meta es bajar el colesterol aunque sea a costa de horas de sueño.

En el de la mujer que corre sola 5 km. disfrutar del aire fresco del que no puede gozar entre semana por culpa de su estresante trabajo.

Para el grupo de camisetas amarillas, incondicional a su cita, rascar un segundo en cada kilómetro. Contarse las penas y alegrías, estrechar lazos.

Habrá quien piense que todos los que corremos somos unos "flipaos", no voy a negar que los hay, pero estoy seguro de que la inmensa minoría corre por superarse física y mentalmente.

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