Ayer de casualidad llegué a leer un artículo, léelo por favor primero, su autor es David Jiménez:
Una vez leído y releído no puedo más que asentir y darle la razón en todo lo que dice. Mediocre para este país empieza a parecerme casi exagerado si tomamos como puntos de referencia la calidad de la televisión, el nivel de cultura general, los modales, la tasa de paro....
Ahora bien, tampoco he parado de pensar en qué puedo hacer yo para salir (no yo, sino el país) de esta mediocridad atroz. ¿Qué granito de arena puedo aportar para que cada una de las cosas que me parecen mediocres o que contribuyen a esa mediocridad queden enterradas para siempre? ¿Es mi voto cada cuatro años suficiente para enderezar el rumbo? Sinceramente me considero falto de ideas útiles y me siento pesimista a la hora de creer que la tendencia se puede cambiar yendo en lugar de a pobres a super clase.
Hay muchos frentes en los que trabajar, desde marginación social, el analfabetismo (absoluto, social, tecnológico y económico) hasta la falta de medios, pero todo es cuestión de empezar. Quizá yo no sea el mejor ejemplo y es muy posible que si analizo para mis adentros haya muchas más cosas que podría hacer, pero de momento se me ocurren acciones sencillas que si muchos de nosotros cumplimos (o seguimos cumpliendo) pueden desencadenar en una pequeña mejora de nuestra sociedad.
Empezaremos por
la televisión. Lo ideal sería borrar todos los canales y ver sólo películas en versión original (sí, llámame cultureta, pero de aquí diez o quince años cuando el que ahora es un niño chino afincado en españa vaya a buscar trabajo diciendo que sabe hablar perfectamente español, chino e inglés quizá esté por delante en la lista de candidatos de tus hijos, o de ti. Nunca se sabe). Puesto que la opción de borrado masivo no la veo viable, contribuiré no viendo -y por tanto no contribuyendo a su porción de
share- aquellos programas que empleen lenguaje ofensivo en horario infantil, que tengan y presuman del grito como bandera, que fomenten el enriquecimiento de los
necios y donde los malos modos sean parte del
show.
El deporte: me considero un gran aficionado al deporte, pero tales barbaridades de dinero movidas por fútbol en Europa y por baloncesto, béisbol y fútbol americano en Estados Unidos me parece aberrante. Más cuando los verdaderos valores del deporte se encuentran en los deportes minoritarios, ya sea atletismo, piragüismo, pilota valenciana o halterofilia. Es ahí donde el esfuerzo tiene poco premio. No digo que un futbolista de primera no se esfuerce, pero Mireia Belmonte seguro que se esfuerza mucho más, y aún colgándose muchas medallas no tiene tantos minutos en televisión ni tantos ceros (a la derecha) en su cuenta corriente. Concluyendo, siempre que esté en mi mano contribuiré a dar a conocer los deportes minoritarios y con menos repercusión en los medios.
La cultura: un párrafo se me antoja poco texto para tan gran campo.
Un documental no tiene que ser sinónimo de aburrimiento, quizá descubras una vocación oculta en ti, o quizá aprendas cosas que no sabías. No hay que empacharse de documentales, pero uno de vez en cuando no viene nada mal para la masa gris. Con la música sucede lo mismo, hay tanta música y tantas maneras de darla a conocer hoy en día que el simple hecho de oír música que no habías oído antes (actual o clásica) y decir "me gusta" contribuye a que los demás tengan la opción de descubrirla.
Un debate aparte sería si debo comprar un cedé aunque el IVA cultural esté en el 21%. Si lo compro los gobernantes pensarán que si nadie deja de comprarlo está bien así y los impuestos siguen teniendo un sector del que recaudar; si no lo compro el artista dejará de ingresar un dinero que quizá con un 7% de IVA tuviera asegurado.
La
tecnología: redes sociales principalmente, donde al igual que en la televisión tienes en tu mano elegir lo que puede aportar algo positivo a nuestra sociedad o fomentar el hastío cultural, laboral, musical. Plataformas reivindicativas como
change.org donde sin miedo a ser clasificado con ninguna etiqueta pueda plasmar mi firma para reivindicar aquello que considere justo.
Hay aplicaciones móviles que también permiten "quejarse masivamente" para tener más fuerza a la hora de exigir cambios.
Por último, la comunicación. No concibo la cantidad de escalones que hay que subir o las trabas que hay que superar para llegar a plantear una queja a tu ayuntamiento, y no digamos a tu gobierno. Es muy probable que yo sea un ignorante, pero ¿alguien le ha escrito un mail /carta a algún presidente del gobierno y ha recibido respuesta? ¿Una respuesta que no haya sido un capotazo? ¿Una respuesta que haya desembocado en una solución?
El derecho al pataleo está bien, ¿pero tenemos que esperar cuatro años pataleando para ver si a lo mejor cambia aquello que pensamos que puede mejorar? ¿O es mejor actuar desde el minuto cero?