Después de cinco meses de observar como padre a mi pequeña, me surge la duda de quién es el que se está haciendo mayor realmente. ¿Quién crece? ¿Quién evoluciona?
Lo constante es ver cómo gana peso, le crece el pelo...Lo extraordinario es notar cómo primero fija la vista en las cosas, cómo empieza a conocer a su mamá (que bien la cuida) a su papá y a los más cercanos. Ver cómo disfruta con la presencia de otros niños, consolidar sus gestos a base de repeticiones y llamar la atención con miles de recursos para que siempre haya alguien pendiente de ella.
Lo inexplicable ya es verla reír y hacerla reír a carcajadas. Eso, para mí, es la felicidad.
Me cuestiono si crece más ella con su aprendizaje (autodidacta, todo sea dicho) o yo al observarla. Me doy cuenta de lo necesario que es cada dedo, cada pestaña y de la cantidad de partido que les sacamos. Me planteo en qué piensa mi hija mientras está despierta y con qué sueña mientras duerme. Lo de los sueños me llama mucho la atención puesto que apenas ha tenido vivencias y ya es capaz de reír o llorar con estímulos que le llegan desde su cerebro mientras duerme.
Es prácticamente inconcebible que de la fusión de dos personas salga otra personita aún más perfecta que la madre. Inimaginable cómo se pueden desatar los sentimientos a raíz de la llegada al mundo del nuevo ser.
Por todo esto crezco, no en altura por supuesto. Crezco admirando que formamos parte de una misma especie que evolucionó hasta lo que somos hoy. Espero que tú, pequeña, algún día puedas leer estas frases para otorgarme el premio de la razón de que el ser humano es grande y entre otras cosas aprende a leer y a escribir para comunicarse. Y eso hago, comunicarme.
Aliméntate tú con la leche, cereales y fruta (de momento) que yo me alimentaré de lo que me enseñas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario