Encaramos una semana en la que hay convocada una huelga general y lo primero que me planteo es ¿a mí quién me convoca? Porque a Mata, Joaquín o Ricardo Costa (el futbolista, no el
En realidad tengo una ligera idea de quién ha sido el impulsor detodo esto (no, no, esta vez dejaremos a ZP de lado), son esos que se llaman sindicatos...¡Un momento! Esos tíos, si el miércoles están dando guerra...¿están trabajando? Si están trabajando, ¡ya no están haciendo huelga! ¡Menudo lío! Es decir, los que incitan al resto a hacer huelga resulta que ahora trabajan.
Creo que la cifra de parados ronda los cuatro millones...Cuatro millones que ya no cuentan para la huelga, porque el que está parado, está parado. ¿Se puede hacer huelga de paro? ¿Acaso yendo en masa a las oficinas del INEM para dar más trabajo a los empleados públicos? ¿O renunciando a la parte proporcional del subsidio?
Continuemos: si no voy a trabajar, la parte proporcional de mi sueldo será descontada ipso facto. De hecho, si la protesta consistiera en una manifestación masiva a cara descubierta un sábado o un domingo iríamos los que trabajamos sin sufrir descuentos a fin de mes y los que no, con lo que la protesta sería más efectiva.
Los sindicatos siempre han tenido tendencia a la izquierda, igual que el gobierno que manda ahora mismo en España. Enemigos íntimos, los sindicatos le ponen la zancadilla al gobierno para que caiga y el empollón de la clase le quite la silla antes de que le dé tiempo a levantarse al primero. Es decir, el sindicato tradicionalmente de izquierdas y defensor de los derechos del obrero le pone en bandeja el trono a su amigo de camisa de rayas blancas y azules con el cardigan anudado a la espalda.
Sigo sin entender nada.