sábado, 20 de marzo de 2010

Es ley de vida

Este año, por circunstancias y después de 15 años, he vivido las fallas "desde fuera". No me he podido enfundar el blusón, siquiera el pañuelo a cuadros, pero todo lo que no he podido hacer me ha dejado tiempo para estar con los míos y para analizar la fiesta desde una perspectiva diferente.

Creo que este año ha sido el de la reivindicación de las comisiones menos "pudientes" en lo crematístico pero sobradas en cuanto a ganas e ingenio. ¿Quién no ha oído hablar de Xufina? Un espíritu fallero de verdad, donde los componentes de una comisión se lo curran y no se limitan a hacer la típica visita al monumento cuando está ya muy adelantado. Una gran labor social y cultural, que al fin y al cabo creo que es por lo que tendríamos que luchar.

Un ejercicio marcado por la crisis en el que era preciso llegar al momento de la cremà para lanzar a ese fuego purificador todos los malos momentos que nos trajo el año, dejándolos así quemados, olvidándolos y tomando aire para el largo recorrido de un nuevo ejercicio.

También cayó un baño de humildad a "los grandes" señalándones que no todo se consigue con dinero en este mundo.

La pólvora es otro aspecto que me apasiona y me preocupa. A los que nos gusta de verdad sabemos los peligros que entraña. He visto padres con bolsas de plástico cargadas de petardos en una mano y la mecha encendida prácticamente al lado, eso puede suponer mucho dolor.

Como último punto de reflexión, oí el otro día que hay 180.000 falleros y falleras censad@s en unas (por hacerlo redondo) 400 fallas, lo que da una media de 450 falleros en cada comisión. A bote pronto y evaluando el impacto que puede suponer toda esta masa de gente en la economía valenciana, me vienen a la cabeza unos datos sin contrastar y que pueden servir de guía a muchos detractores de la fiesta para verle otro aspecto menos lúdico.

400 fallas suponen otros tantos trabajos de carpintería, pintura y transporte. En prácticamente todas se dispara una mascletá cada día de fallas (400x4=1600 mascletás "de barrio", con el coste que puedan suponer). En muchas se lleva a cabo también la despertá, reduzcamos el número de comisiones a la mitad y el número de días también (200x2=400 despertás, con el gasto en pólvora que corresponda). Unos 65.000 ramos de flores se depositan en la plaza de la Virgen (calculen ustedes el precio de cada ramo y multipliquen). Sumemos las sesiones de peluquería a las que se someten muchísimas falleras y, si ustedes conocen el precio de peinar a una valenciana, sólo tienen que estimar una cifra. Muchas comisiones precisan de autobús para ir a la ofrenda y recogida de premios (sumen y sigan...sumando). Agreguemos el desplazamiento de las bandas de música que también hacen uso de los autobuses.

Y chocolate, churros, buñuelos...Alcohol en las barras de las verbenas, alcohol comprado para consumir en las verbenas, casas de comidas para llevar. Comida llevada para cocinar en los casales. Vallas de alquiler para proteger los monumentos, luces, guardias de seguridad...

Estoy seguro de que me dejo muchísimos aspectos que también podrían ser tenidos en cuenta, pero creo que con estas pinceladas basta para pensar que a pesar de que las fallas son asociaciones sin ánimo de lucro, está claro que las fallas traen riqueza a la ciudad.

Estoy convencido de que no somos conscientes de lo que movemos, de la magnitud de nuestra fiesta (oí también que después del Carnaval de Río, la nuestra es la segunda fiesta más grande ¡del mundo!). Pero de lo que sí estoy convencido es de que podemos darle aires nuevos, infundirle (más si cabe) un punto didáctico y educativo a todas las actividades que se organizan a nivel fallero. Y sobre todo, hacer una masa social que reivindique que sabemos utilizar la pólvora como señal de identidad de un pueblo y sin fines violentos. Sólo así conseguiremos que se respeten nuestras tradiciones.

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