La primera cuestión que me viene a la cabeza es si mileurista debe escribirse todo junto o por el contrario "mil-eurista". Curioso, ¿verdad? Tantos que se supone que hay y yo no sé cómo se escribe (tampoco lo he buscado, pero lo dejo en el cajón de tareas pendientes).
Pero vamos al grano. Esta semana nos hemos desayunado con la declaración de bienes de algunos políticos valencianos: que si novecientos euros, que si un coche mayor de edad (21 años)...¡pobrecitos! Nosotros, claro. Pobres nosotros que tenemos que tragarnos toda esa retahíla de mentiras mientras hacemos malabarismos para poder comprar lo que queremos y no pasar apuros. Pobrecitos nosotros que tenemos que estar aguantando las decisiones que toman "en representación del pueblo", véase 400 euros, véase plan del Cabanyal o véase cualquier medida impuesta.
Esos novecientos euros se los hacía pagar yo al gorrilla (al que sus señorías le prohibieron que ejerciera y aún sigue en la calle) para que me dejara aparcar tranquilo, en todos los sentidos. No me indique la maniobra, me gusta aparcar mal y sobre todo me gusta aparcar sólo y no tener que pagarle a nadie. Ya pago mis impuestos para poder aparcar. No quiero pagar dos veces y encima temer que me hayan dañado el coche cuando vuelva si no he soltado un céntimo.
No son sólo los políticos la clase que no declara todos sus bienes o que oculta su patrimonio al mismo tiempo que hace ostentación de él. Aquellos forofos del tunning que no han dado un golpe en su vida y te sorprenden con su coche fantástico. Aquellos que disponen de toda clase de comodidades sacadas de un sueldo aparentemente modesto...¡menuda panda! ¡Trabajen oigan! Que los demás vamos todos los días a trabajar o a buscar trabajo y no se nos caen los anillos.
¡Y no se os ocurra equivocaros en la declaración de la renta! Imagino (por suerte yo no lo he sufrido nunca), que en 0,2 segundos tienes al fisco en la puerta. Los cordones de oro deben estar exentos de impuestos y de inspección fiscal.
sábado, 27 de febrero de 2010
viernes, 12 de febrero de 2010
Cómo funciona un euro
Esta mañana de camino al trabajo escuchaba la radio y he oído que "era la primera vez que los países de la Unión Europea se enfrentaban a una situación difícil (refiriéndose al tema de la crisis en Grecia) desde que entró en funcionamiento el euro.
Mi cerebro, entre dormido y aturdido por el frío, se ha puesto a rebuscar en sus archivos si conocía el complicado funcionamiento de un euro. Ahí aparecía, reluciente y limpio como él solo, el Euro. Una moneda nueva.
Por mi mente ha pasado Dan Brown y todos los vericuetos por los que pasan los personajes de sus libros para descifrar códigos. Los sudokus que intentan resolver los viajeros del metro también me han acompañado en esos instantes de la mañana.
Le he estado dando vueltas al euro todo el día. Si funciona, ¿para qué sirve? ¿Cómo se activa? ¿Va a pilas o hay que recargar la batería? ¿Nos lo indica la misma moneda que necesita recargar su energía agotada?
Seguiré buscando una trampilla para ponerlo en funcionamiento y a ser posible que se reproduzca.
Mi cerebro, entre dormido y aturdido por el frío, se ha puesto a rebuscar en sus archivos si conocía el complicado funcionamiento de un euro. Ahí aparecía, reluciente y limpio como él solo, el Euro. Una moneda nueva.
Por mi mente ha pasado Dan Brown y todos los vericuetos por los que pasan los personajes de sus libros para descifrar códigos. Los sudokus que intentan resolver los viajeros del metro también me han acompañado en esos instantes de la mañana.
Le he estado dando vueltas al euro todo el día. Si funciona, ¿para qué sirve? ¿Cómo se activa? ¿Va a pilas o hay que recargar la batería? ¿Nos lo indica la misma moneda que necesita recargar su energía agotada?
Seguiré buscando una trampilla para ponerlo en funcionamiento y a ser posible que se reproduzca.
martes, 2 de febrero de 2010
No me toques las columnas
¿Qué tienen en común las palabras y las piedras? Podría parecer que en principio, nada. Pero si nos paramos a pensar, sólo un poco por si acaso nos patina el embrague, vemos que con ambas se pueden construir columnas. Evidentemente cada columna se consigue con un tipo de trabajo totalmente diferente, y aunque ambos despiertan mi admiración me decantaré por las columnas que no nacen de la arquitectura.
Desde que empecé a escribir me di cuenta de que cuesta mucho plasmar en palabras y de una manera decente las ideas que circulan por esa red de carreteras que es nuestro cerebro. Cuando se te ocurre la idea no tienes nada a mano para apuntarla; cuando tienes algún utensilio para escribir, no hay retenciones de ideas.
Pienso en esos trabajadores que día a día tienen que aportar su columna a uno o más diarios y que llevan toda la vida haciéndolo. Es difícil no caer en el mismo tema una y otra vez cuando se escribe a menudo. Es complicado no aburrir al lector con aportaciones intrascendentes y aburridas.
No me gustan las parrafadas en las que un/a escritor/a se inventa que le ha pasado una historia y no detalla conclusiones, ni desprende sentimiento ya sea de placer o de odio.
Veo a esta gente como inventores frustrados que buscan constantemente ideas en otros textos (inventos ya patentados) la manera de parir su creación sin copiar lo que ya ha visto anteriormente y de manera que sea útil para el resto de la humanidad, o al menos unos pocos. Esa lucha constante me fascina. El poder de crear desde la nada y hacer pensar al resto. Mención aparte merece quien quiere hacer pensar al resto como él piensa mediante sucios trucos de palabras, véase demagogia.
Desde que empecé a escribir me di cuenta de que cuesta mucho plasmar en palabras y de una manera decente las ideas que circulan por esa red de carreteras que es nuestro cerebro. Cuando se te ocurre la idea no tienes nada a mano para apuntarla; cuando tienes algún utensilio para escribir, no hay retenciones de ideas.
Pienso en esos trabajadores que día a día tienen que aportar su columna a uno o más diarios y que llevan toda la vida haciéndolo. Es difícil no caer en el mismo tema una y otra vez cuando se escribe a menudo. Es complicado no aburrir al lector con aportaciones intrascendentes y aburridas.
No me gustan las parrafadas en las que un/a escritor/a se inventa que le ha pasado una historia y no detalla conclusiones, ni desprende sentimiento ya sea de placer o de odio.
Veo a esta gente como inventores frustrados que buscan constantemente ideas en otros textos (inventos ya patentados) la manera de parir su creación sin copiar lo que ya ha visto anteriormente y de manera que sea útil para el resto de la humanidad, o al menos unos pocos. Esa lucha constante me fascina. El poder de crear desde la nada y hacer pensar al resto. Mención aparte merece quien quiere hacer pensar al resto como él piensa mediante sucios trucos de palabras, véase demagogia.
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