Mi primera línea es para Port-au-prince.
Me gusta escribir. Mal, bien, regular...me gusta escribir. No para nadie, sino para ver plasmados parte de mis pensamientos, opiniones o desvaríos en un lugar accesible a todos. Cada cual que elija si leer o no.
Después de unos días intensos de trabajo en la oficina y gestiones fuera de la misma, tengo un momento para deslizar esta pluma virtual sobre este pergamino luminoso. Se me amontonan las ideas en la cabeza, pero me centraré en una: la reciente polémica surgida a raíz de la edad de jubilación.
Me pongo en la piel de muchas personas y sé que hay muchos puntos de vista y muchas opiniones al respecto de subir la edad de jubilación a los 67 años, no elegiré a ninguna de ellas porque sería injusto para el resto. Trataré de dejar clara mi opinión e intentaré aportar ideas. Como ya he dicho, cada uno es libre de leer o no, al igual que de comentar lo que considere oportuno al respecto. Sus opiniones serán bienvenidas.
Sesenta y siete años son muchos, más si se lleva trabajando desde los veinte o veinticinco. Parecen avanzar de cinco en cinco cuando uno supera los cincuenta y está subido al andamio. ¿Hay que pagar las pensiones? De acuerdo, pero no a costa de los años improductivos de personas mayores que quieren estar disfrutando tranquilamente de sus hijos, nietos, hogares, apartamentos o lo les venga en gana. Si un@ ha trabajado cuarenta años seguidos, se merece un descanso. Cobrando lo que ha estado aportando durante toda esa vida. ¿Acaso se ha tenido en cuenta el coste de los potenciales accidentes laborales de las personas en el rango de edad que viaja de los 65 a los 67 años?
¿Cómo solucionamos entonces el problema si no se aumenta la edad de jubilación? Primero: Aumentemos la edad para acceder a un puesto de funcionario (me permitiré excluir al sector docente, que falta hace). Si, por ejemplo, nadie pudiera acceder a un puesto de funcionario hasta los 35, tendría que pasar entre 10 y 15 años encontrándose con la dura realidad de la empresa privada, en la que la espada de Damocles se cierne sobre el trabajador a cada momento, valorando así lo que es un puesto de trabajo. Llegada esa edad podría seguir en la empresa privada u optar a un puesto público, claro está, estudiando de nuevo, una nueva reválida. De esta manera pienso, quizá de modo erróneo, que se rendiría más en el sector privado y también en el público.
En cuanto a la gente de avanzada edad que realiza trabajos físicos muy pesados, debería reservarse un cupo de puestos a los que se accediera directamente al alcanzar cierta edad. Del andamio a un puesto de bedel en un edifico público; de descargar sacos de patatas a vigilar la salida de los colegios, a vigilar a modo de sereno (y organizados en parejas o grupos) las calles de nuestros barrios, los vagones del metro... Carencias hay muchas, señores. Parados también.
Y hablando de éstos, hay graffitis en las calles que limpiar, gente que pasea sus perros a la que hay que educar, pueblos en los que hace falta gente para reconstruir y repoblar. A todos nos puede pasar que nos despidan (excepto a los funcionarios, aunque yo también aplicaría mano dura en este aspecto) y estar buscando trabajo desesperadamente un largo tiempo. El que la sigue la consigue. Pero no nos engañemos, sentado en un banco del parque no llueven las ofertas de trabajo, así que el que agotara el subsidio del paro y recibiendo esos 420 euros descartara dos ofertas directas de la administración, como las de educar a los dueños de los canes o limpiar graffitis y chicles...quedaría excluido de recibir cualquier ayuda (estatal, regional o local) durante el mismo periodo que hubiera estado recibiendo el subsidio. 420 euros sí, pero no a cambio de nada.
¿De izquierdas, de derechas? Sinceramente, me da igual. No lo sé. Lo único que pienso es que hay que ser más ágil, más creativo y dar oportunidades a todos, pero no cheques en blanco. Tenemos que avanzar, seguir viviendo, y queremos vivir bien. Eso es tarea de tod@s.
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