domingo, 13 de diciembre de 2009

La pólvora

Me permitiréis que me extienda en esta entrada, y es que desde niño he jugado con fuego en el sentido más literal de la palabra.

Como valenciano que soy, amo el buen uso de la pólvora y el aroma que desprende. Como amante de la pólvora que soy, odio a Maria Teresa Campos, ya que recuerdo que en el bautizo de su nieto (o nieta), ahí veréis el interés que despierta en mí esta "señora", se puso hecha una furia porque unos valencianos habían tirado una traca. Como está mandado. Además, señora Campos, hoy en día hay que presentar una instancia en el ayuntamiento de Valencia para informar de que se va a utilizar material pirotécnico en este tipo de actos. Ya es eso bastante molestia como para que encima usted venga tocando las narices.

Perdón, me desvío del tema principal. Decía que la pólvora en esta tierra tiene su historia, que viene de lejos y que de norte a sur la utilizamos para festejar lo que se presente.

Recuerdo que mi abuelo me contaba que cuando él era joven se sentaba en la puerta de mi casa con sus amigos, bebiendo cerveza y allí la gente les tiraba cohetes borrachos. Les conocían como "els trencataules". Cabe decir que los cohetes borrachos de entonces no eran como los de ahora, por aquella época estaban hechos con material pesado y (casi) siempre iban por tierra, eliminando el riesgo de quemaduras en partes vitales. También recuerdo que mi abuelo venía en fallas a Valencia y no se perdía ni una mascletá, ni un castillo. Es más, aún recuerdo estar en lo que actualmente es el jardín del Palau de la Música, cuando apenas había fango y estaba todo a medio hacer, asistiendo boquiabierto a un castillo piromusical.

Ni que decir tiene que seguí los pasos de mi abuelo y cada vez que había una oportunidad de sentir la pólvora corriendo por los pies, me vestía para la ocasión y disfrutaba como un enano. Aquel estruendo cerca de mí, aquella humareda envolviendo las siluetas de los compañeros de aventura en aquellas calurosas tardes de agosto, esa adrenalina corriendo por mis venas y sobre todo ese olor que tan atrapado me tiene.

De todos es sabido que la pólvora se inventó en China, de casualidad. Hay varias teorías acerca de quién fue el inventor y cómo sucedió. También se atribuye a Marco Polo que la diera a conocer en Europa, aunque otras fuentes afirman que fue un monje. Nada es nítido en esto de los orígenes, pero lo que sí que está claro es que nosotros disfrutamos en la vertiente no bélica de la pólvora y en todas sus variedades:

Despertà:



Mascletà: Una de las mejores que he presenciado



Castillo:



Castillo piromusical:



Cordà:



En los últimos años, como en todos los sectores de la industria, se ha producido una invasión de productos chinos en el mercado de la pólvora. Es una lástima que empresas valencianas que son punteras en los espectáculos pirotécnicos tengan que estar soportando la importación masiva de petardos orientales y no reciban un apoyo claro de las instituciones ni medios de comunicación. Sólo aparecen en las noticias cuando suceden accidentes en sus fábricas, así es fácil crear el miedo e incluso el rechazo en la población local. ¿Sabemos acaso cuántos accidentes pirotécnicos suceden en las fábricas chinas a lo largo del año? ¿Y las condiciones en que trabajan? Las normas de seguridad aquí son estrictas, poca gente parece saberlo y sin embargo, disfrutamos con los espectáculos que se nos ofrecen, en los que además no hay que pagar.

Hoy en día la normativa de seguridad en este tipo de actos es muy estricta y el coste de los seguros muy elevado, por lo que la mayoría de localidades están descartando estos acontecimientos pirotécnicos de sus programas de festejos. Desde aquí mi más sentido pésame y mi apoyo a todas las asociaciones amigas de la pólvora en su contexto más lúdico.

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